Tabúes IV: el sexo y la desnudez

Por estos pagos orientales abundan las aguas termales y existe una enorme cantidad de baños: rústicos y sofisticados, antiguos y modernos, al aire libre y cubiertos, pequeños y grandes. En japonés de denominan onsen. A los nipones les encanta relajarse sumergidos en las termas y muchos turistas extranjeros también se sienten atraídos, por lo cual los baños son muy populares. Una de las normas de uso exige bañarse desnudo.

En uno de los viajes que hice con otros estudiantes extranjeros de la Universidad Nacional de Yokohama, estuvimos en un complejo de baños termales. En este caso, se trataba de un baño muy grande, con piletas de distinto tipo.




La cuestión es que yo estaba caminando tranquilamente por este recinto como Dios me trajo al mundo cuando de repente se presentó ante de mí una señorita vistiendo el uniforme del establecimiento y me preguntó: "¿Biaggiotti sama?" (en Japón siempre se agrega el sufijo "san" a los nombres propios, pero cuando los dependientes de un comercio se dirigen a los clientes suelen emplear el honorífico sama en vez de san, expresando aun más respeto y deferencia), para inmediatamente comunicarme (en japonés, claro): "Sus amigos lo esperan en el lobby" o algún mensaje por el estilo.

Otras veces me ha tocado ver que entran mujeres del servicio de limpieza a baños y vestuarios de caballeros mientras hay hombres haciendo uso de las instalaciones. Es decir, no se clausura transitoriamente la habitación para que la señora limpie. Los baños de aguas termales son generalmente separados en damas y caballeros, pero muchas veces la separación es más simbólica que física, con apenas una pequeña cortina. Y sé que también existen baños unisex (quizás en esos casos los hombres y mujeres que comparten el lugar se cubrirán; nunca he ido ni me han contado al respecto, así que no lo sé). Otra costumbre es que en el onsen, hombres y mujeres se bañen con sus niños y/o niñas, que a veces ya no son tan pequeños.

Por otra parte, en más de una oportunidad me ha llamado la atención ver en el tren a japoneses que sin disimulo alguno viajan leyendo manga hentai, es decir, historietas japonesas de contenido erótico o pornográfico.




¿A qué voy con estos ejemplos? A que la desnudez es considerada en Japón de un modo más natural, por decirlo de algún modo, que en occidente.

Y se supone que el sexo tampoco tiene entre los japoneses las mismas connotaciones de tabú que suele implicar en occidente. Esto puede comprenderse a partir de la religión autóctona japonesa, el sintoísmo, para la cual no hay prohibiciones en torno al sexo, no existe contraposición entre placer carnal y bien espiritual y el goce sensual no tienen connotación pecaminosa alguna, en clara diferencia con la tradición judeocristiana (ver también la entrada El festival del Pene, en este mismo blog).



He leído que cuando los occidentales tomaron contacto con Japón a partir de la Restauración Meiji del siglo XIX, se escandalizaron ante la permisiva actitud nipona hacia el sexo. Entonces, cuando los estadounidenses ocuparon el país tras la Segunda Guerra Mundial, todo lo relacionado con el sexo pasó a estar regulado. En efecto, hoy en día Japón -que está occidentalizado, o globalizado, en muchos aspectos- tiene numerosas restricciones legales en torno al comercio sexual, la pornografía, etc., como tantas otras sociedades modernas, pero parece ser que el rumbo histórico anterior a la ocupación norteamericana era bien distinto.

Aun así, a pesar de estas regulaciones, la industria del sexo en Japón es descomunal en dimensión y variedad (si a alguno le interesa profundizar un poco en este fenómeno, puede visitar http://www.japonismo.com/La-industria-del-sexo-en-Japon.html).



Entonces, partiendo de una concepción del sexo para la cual los tabúes de la tradición judeocristiana son extraños, bien podría pensarse que los japoneses viven el sexo de un modo más pleno e intenso que los occidentales. Pues no.



Al contrario: las encuestas indican que en el mundo, las parejas japonesas son "últimas cómodas" tanto en lo que respecta a la frecuencia de sus relaciones como al disfrute del sexo y la llegada al orgasmo. Pueden leer más información al respecto en http://www.clarin.com/diario/2008/04/02/sociedad/s-03501.htm, donde se da cuenta de un informe de la Organización Mundial de la Salud, y también -un interesante artículo en inglés- en http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/asia/article1517052.ece.



Se señalan varios factores que influyen en estos resultados poco auspiciosos sobre la vida sexual de los japoneses: la falta de comunicación en la pareja; el exceso de trabajo; el tamaño reducido de las casas japonesas (doy fe de eso), que genera falta de privacidad cuando la pareja ya tiene un niño; la atracción de los japoneses por comportamientos sexuales distintos al coito, que generalmente se procuran fuera del matrimonio; etc. Además, hay sociólogos que señalan un mecanismo muy peculiar: dicen que muchos japoneses sienten que al casarse, el cónyuge pasa a ser como un hermano o una hermana, y a partir de entonces el sexo casi se limita a su función procreativa. Curiosamente, una concepción que estaría en sintonía con interpretaciones conservadoras de la moral sexual cristiana.


Matrimonio celebrado bajo los rituales sintoístas.


También se señala que en Japón, además de constatarse un altísimo consumo de una enorme variedad de productos y servicios de la próspera industria sexual, abundan las relaciones extra-matrimoniales (otro país con alto índice de infidelidad matrimonial es Italia, según escuché), siendo especialmente los cónyuges varones quienes se procuran una amante. ¿Tienen poco y mal sexo con su cónyuge porque encuentran satisfacción en otro lado, o buscan satisfacción en otro lado porque tienen poco y mal sexo con su cónyuge?

Entonces, pareciera que en una sociedad donde el contexto cultural le impone al sexo mucho menos connotación de tabú, paradójicamente, la vida sexual de mucha gente es menos plena que en sociedades con una herencia religiosa que en gran medida ha impuesto restricciones al disfrute sexual (aunque en este punto se podrían hacer otras consideraciones, tal como que esta herencia religiosa cada vez tiene menos entidad). Sugestivo, ¿verdad? El otro día hablábamos de esto -a partir de esa conversación pensé en escribir estas líneas- y alguien recurrió a un argumento conocido: la prohibición provoca un aumento del deseo por aquello que se prohíbe.

¿Mi conclusión? No la tengo.

2 comentarios:

  1. esta interesante el articulo .. ahora es lamentable eso del casamiento y que los conyuges mantienen malas y escasas relaciones sexuales... aca en el rio de la plata seria tema de divorcio ... no seran medio masoquistas? ... en fin a mi me gustaria saber algo mas sobre el baño, las geishas, el rito del te, etc... y quien sabe tal vez ahi tengas la clave cultural de lo que les sucede ahora

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  2. Muy interesante! por lo que conozco de mis amigos japoneses y las veces que fui de vacaciones, mi conclusión es que en Japón es más sensurado hablar de política que de sexo. Y por otro lado, a pesar de que las encuastas revelen insatisfacción sexual, parece que los japoneses están felices con esa forma de llevar su sexualidad, qué loco, no? =D
    Saludos!!

    David H

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