Tabúes II: el tabaco

Respecto al tabú -en el llano sentido de prohibición- que en los últimos tiempos se va afianzando en las sociedades occidentales en torno al hábito o vicio del cigarrillo, en Japón las cosas difieren un poco.

Probablemente acá también se esté avanzando inexorablemente en el mismo sentido -una serie de medidas nuevas que no voy a enumerar ahora parecen indicarlo-, pero lo cierto es que el estado de cosas es otro.

Un atado de cigarrillos cuesta 3 dólares. Es decir, teniendo en cuenta el poder adquisitivo medio y en comparación con otros países desarrollados, es baratísimo.



En bares y restaurantes, se fuma. Algunos tienen secciones separadas. Pero hay muchos lugares -establecimientos más pequeños, de clientela fija, bolichitos de barrio, restaurantes que no son franquicias de cadenas populares- donde se puede fumar en cualquier mesa.

Con respecto al tabaquismo en Japón, no dispongo de estadísticas. Mi impresión -que poco vale, por cierto- es que se fuma mucho. Hombres y mujeres, de todas las edades.

Ahora bien, curiosamente, en contraste con lo dicho sobre los establecimientos gastronómicos, en algunas zonas de Tokio especialmente no se ve mucha gente fumando mientras camina por la calle. En determinadas locaciones -algún recoveco de alguna estación de tren, por ejemplo, donde a veces hay ceniceros y otras veces no- los fumadores se detienen y prenden uno. También suelen verse habitaciones públicas para fumar, como el recinto que se ve en la foto a continuación, al lado de la estación de Yokohama.



A propósito de esta cuestión, me contaron que lo que ocurre es que rige la prohibición de fumar por la calle y la multa es de 2.000 yenes, o sea 20 dólares. ¿Los motivos? Uno de ellos, la higiene pública. A los japoneses no les gusta ver calles y veredas sembradas de puchos. Por eso mismo es que más de una vez he visto a alguien que, si bien fuma en la calle (¿en infracción a la norma? Bueno, no lo sé, porque quizás la prohibición rija en Tokio pero no en Yokohama), arroja sus cenizas y apaga el pucho en un cenicerito personal que se lleva encima y luego de usarse se cierra herméticamente.

En fin, aun se puede fumar en bares y restaurantes, pero en la calle está restringido.


Máquina expendedora de cigarrillos. Hay una nueva ley que obliga a usar una tarjeta especial que sólo pueden obtener los mayores de edad -como la que este señor está empleando- para poder adquirir el atado. Lo hicieron, por supuesto, para evitar que los menores compren.

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