El Festival del Pene

En otra entrada (Tabúes IV: el sexo y la desnudez) me referí a cómo los japoneses abordan el sexo sin la carga de tabúes que ese aspecto de la vida acarrea en otras culturas. En esta entrada, quiero hablarles de un festival religioso que algo tiene que ver con esto.

Primera aclaración previa: no se trata de una joda. Es una celebración religiosa en serio, durante la cual se observan ritos tradicionales del Shinto y se evoca a los dioses con la misma fe y devoción que en cualquier situación análoga. Aunque muchos -como yo- se acerquen conducidos por motivaciones que poco tienen que ver con lo religioso y espiritual, es decir, a cagarse de la risa un rato.

Cabe aclarar que en Japón -al menos en el marco del sintoísmo- no hay conflicto entre lo religioso y cagarse de la risa un rato. Esto es también una muestra más de los intensos contrastes de la cultura japonesa. Extremadamente formales y solemnes para algunas cuestiones, participan sin embargo de otras -o de esas mismas- con espontaneidad, gran sentido del humor y desenfado. Sí, en muchos casos, en la misma ocasión se cumple con rituales ancestrales con gran pompa y gravedad, pero eso no impide que también haya momentos para la diversión, la risa, el griterío y los excesos.

Segunda aclaración previa: algunas cuestiones relativas al shinto, shintoísmo o sintoísmo, la religión nativa del Japón. Tema que da para mucho, por supuesto, pero trataré de ser breve (como en otros casos, he tomado fragmentos de Wikipedia). El shinto afirma la existencia de divinidades o seres espirituales (kami) que pueden encontrarse en la naturaleza o en niveles superiores de existencia. Este término, que constituye el concepto central del culto, llegó a aplicarse a cualquier fuerza sobrenatural o dios, como los dioses de la naturaleza, hombres sobresalientes, antepasados deificados o hasta "deidades que representan ciertos ideales o simbolizan un poder abstracto" (The Encyclopedy of Religion), como podría ser en el caso de la divinidad invocada en el festival que nos ocupa. Los seres humanos, como hijos de kami, tienen ante todo una naturaleza divina. Por consiguiente, de lo que se trata es de vivir en armonía con los kami, y así uno podrá disfrutar de su protección y aprobación. Hay pocos textos sagrados, no existe una deidad única ni predominante, no se basa en muchos dogmas ni en una teología muy compleja. No cuenta con una clase sacerdotal centralizada y jerárquica. Tampoco sostiene una noción tal como la del pecado en el cristianismo, ni regulaciones morales. Sin embargo, a los japoneses les ha dado un código de valores, ha moldeado sus comportamiento y determinado su forma de pensar. Los festivales son parte esencial de esta religión, y consisten fundamentalmente en celebrar la vida en sus diversas manifestaciones, a la vez que se agradece a los dioses y se solicita su auxilio en cuestiones relativas a esa manifestación vital que se celebra. Así, en el festival sobre el cual me referiré a continuación, la celebración, las súplicas y la gratitud tienen que ver con un aspecto ciertamente fundamental de la vida: el sexo y la fertilidad.

En fin, hechas las aclaraciones que creí conveniente hacer, vamos a lo nuestro. Cada abril, en un santuario shintoísta de la localidad de Kawasaki, se celebra el Kanamara Matsuri (matsuri es festival en japonés). En la internet aparecen referencias al mismo bajo el nombre de Festival de la Fertilidad y, en páginas en inglés, Festival of the Steel Phallus. Yo, por cuestiones obvias, no encuentro mejor denominación que Festival del Pene, ya que fertilidad es un término equívoco y no sólo por eso se pide y se agradece en el festival.

Sea como fuere, el pene constituye el tema principal del evento, y -como verán en las fotos que saqué- hay mil y una representaciones fálicas en todo el templo, desde los íconos principales que se entronizan en los santuarios portátiles y que son objeto de veneración, hasta los chupetines que se venden para deleite de chicas -y algunos chicos.

Parte importante de la concurrencia está compuesta por travestis y prostitutas, que junto a los sacerdotes invocan a los dioses solicitando éxito en sus empresas y protección contra las enfermedades de transmisión sexual. También se reza para pedir o agradecer por un parto sin problemas, armonía conyugal, potencia sexual y fertilidad.

Actualmente, el dinero recaudado durante el festival se destina a investigaciones contra el HIV.

Aquí tienen entonces, amigos, el Festival del Pene de Kawasaki. Pensar que en mi escuela los curas insistían en que no había que usarlo. Acá es objeto de culto y los sacerdotes se postran ante él. Diferencias culturales, que le dicen.

Sin más… a las fotos!



El objeto de veneración. Como se ve, está rodeado por una soga de la cual penden unas tiras de papel recortado en zig-zag. La soga no es cualquier soga, es una shimenawa, hecha de paja (lo cual, en este caso, puede resultar acorde con el objeto de veneración) de arroz trenzada, y se usa para purificación ritual. Las tiras blancas se llaman shide y están hechas en un papel artesanal llamado washi. Todo junto, un ornamento ritual que reconoce el carácter de sagrado a aquello que rodea. En este caso, el falo sagrado.


La sacerdotiza, genuflexa ante el pene, lee textos rituales.


Jinete eufórica de un pene de madera.


A la de la izquierda le agarró un ataque de histeria, de abstinencia o de algo, y no se quería bajar.


La señora lo acariciaba con nostalgia.


Una/o de los fieles al pene.

La mascota del festival.


Elegantes vecinas de kimono se acercan cada año a disfrutar del pene. Del festival, quiero decir.


Otro de los objetos de veneración. Este, negro. El otro, rosado.


Momento solemne. La multitud en silencio. La sacerdotiza hace una reverencia ante el falo. Fijate en los "monaguillos". La/el de la derecha te pone una mano encima y te destroza.


Un/a ferviente peregrino/a se coló en la foto.


Falo acaramelado. Sobre gustos...


El sacerdote conduce la ceremonia. Vestimenta, sombrero y una especie de calzador de madera en la mano, elementos rituales característicos.


Falo entronizado en un mikoshi o santuario movible que más tarde sería cargado por un grupo de fieles que recorren con él las calles del barrio en procesión, lo cual se aprecia en las fotos siguientes.





Danza ritual de mujeres.


La señora lo contemplaba con devoción, con las manos juntas en recogimiento. No se sabe si agradecía o pedía. Quizás por el que tiene al lado.


El ícono de una divinidad peneana menor, en los fondos del templo.


Más íconos fálicos. En este caso, esculturas en madera.


Estas tablitas se ven en todo jinja (santuario o templo del sintoísmo) y generalmente contienen manifestaciones de agradecimiento de los fieles por las gracias concedidas por los dioses. En este caso, aparentemente, se agradece por un parto exitoso.





Un señor talla penes en unas populares hortalizas japonesas que no sé cómo se llaman.


Los mercaderes del templo venden falos de todo tipo.


La función pedagógica de la religión.

5 comentarios:

  1. Es muy fuerte la agen del ponja comiendose un chupetin con forma de pene!!!! pero hace el otacto as´los importamos porque se me ocurre que aca tenemos mercado para eso!!!
    Un abrazo
    El gordo

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  2. FE DE ERRATAS
    bueno escribi como el culo antes,
    donde dice agen debe decir imagen, donde dice otacto debe decir contacto, donde dice as´debe decir así
    ahh y mira este link:
    http://www.notiexpress.com.ar/news.cgi?accion=vernew&id=40319
    otro abrazo

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  3. http://www.kirainet.com/kanamara-el-festival-del-falo-de-metal/

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  4. NOS PODRIAS COMPARTIR COMO SE REALIZA LA EVALUACION POR ALLA? PORQUE AUNQUE SEA EN ESO ESTAMOS IGUAL. LOS CHICOS QUE SE DUERMEN EN LA CLASE Y BRINQUES, SALTES O TE MAROMEES NO LE INTERESA.

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  5. Fabulosa tu exposición, mil gracias por compartir tus bendiciones.

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¡Muchas gracias por dejar tu comentario! Un abrazo. Osvaldo.