Navidad en Yokohama

Cualquiera puede pensar –no sin fundamento- que la Navidad pasa desapercibida en Japón. Quien así lo crea, se equivoca. Ciertamente, no se trata de una fiesta significativa para las familias de esta nación de larga tradición en el sintoísmo y el budismo y que ha tenido escasísima permeabilidad ante el cristianismo. Sin embargo, influencia norteamericana mediante, la navidad (“kurisumasu” en japonés) en tanto fenómeno comercial de esta globalizada sociedad de consumo ha llegado a Japón para quedarse. Con lo cual, durante diciembre, las calles de Yokohama y Tokio –no he estado en otras ciudades, pero dudo que haya grandes diferencias- se han visto repletas de arbolitos, imágenes de Papá Noel, villancicos y demás íconos navideños. De pesebres, poco y nada, eso sí.






El 24 de diciembre, algunos de los “occidentales cristianos” de la residencia –también se arrimaron algunos musulmanes y japoneses- nos juntamos a cenar en uno de los departamentitos. Cada uno aportó algo de comida y bebida. Como comimos temprano (estilo japonés), después salimos a caminar. El centro de Yokohama estaba repleto de parejas. Es que la nochebuena en Japón es algo así como “la noche del amor”. Una vez más, la intensa influencia de los Estados Unidos a partir del desenlace de la segunda guerra mundial. Quizás por efecto del “romanticismo hollywoodense”, cada 24 de diciembre las parejas de novios japonesas suelen salir a pasear, cenar y finalmente pasar juntos la noche, durante la cual restaurantes y moteles se ven colmados.




Caminamos por la zona de Minatomirai, sobre la costa de la bahía, donde están las mega-construcciones modernas de Yokohama (centros comerciales, restaurantes, cines, hoteles, etc.). Hay una parte que se parece bastante al Puerto Madero porteño. Ahí había varias parejas que prendían velas con mensajes de amor, con las cuales formaban figuras en el suelo.






Otra “costumbre navideña” de Japón es comer “kurisumasu kēki” (“Christmas cake” o pastel de Navidad). Es una torta hecha de bizcochuelo, crema chantilly y frutillas. Dicho sea de paso, a las japonesas que con 25 años no se han casado se las suele llamar “kurisumasu kēki”. Crueldad en estado puro: si la torta no se come el 25 (o a los 25), para el 26 (o a los 26) se echa a perder.

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