"Il dolce far niente" no pegó en Japón

Sin duda, una de las palabras más escuchadas en Japón es “¡Gambatte!”.

Se usa casi como saludo de despedida, especialmente cuando la persona a quien se le dice está embarcada o por embarcarse en alguna tarea que requiere esfuerzo y dedicación. Es decir, sería el equivalente a nuestro “¡Suerte!”. Pero, si seguimos con la comparación, resulta que hay una considerable diferencia de significado. Mientras que el “suerte” no implica más que desearle al otro, justamente, que la buena fortuna lo acompañe (haga lo que tenga que hacer de la forma en que lo haga), las traducciones más adecuadas del “gambatte” (imperativo del verbo “gambaru”) serían “esforzate mucho”, “hacé todo lo que puedas” o “da lo mejor de vos”.

Me siento tentado a extender la comparación al plano del ejercicio de las responsabilidades del propio rol y el consiguiente resultado en el bien común en un país y otro. Pero mejor lo dejo acá.

Más allá de las comparaciones idiomáticas, lo cierto es que el trabajo sacrificado, el esfuerzo, la dedicación, la diligencia y el cuidado de detalles en la ejecución de las propias responsabilidades son valores evidentemente muy significativos de la cultura japonesa. Esto no quiere decir que todos los japoneses los pongan religiosamente en práctica, desde ya; pero en lo cotidiano se nota –podría dar muchos ejemplos- que gran parte de ellos actúan –en la familia, en el trabajo, en la escuela- de acuerdo a esas exigencias. Para algunos, en ciertos casos, hasta extremos de alienación, lo cual pondría en tela de juicio la valoración positiva que en principio parecen merecer las mencionadas exigencias. Sería cuestión de ponderar valores en juego y ver cuáles pueden llegar a descuidarse en pos del cumplimiento de otros. Pero que quede eso para otro espacio.

Una anécdota ilustrativa: uno de mis primeros días en Japón fui al correo a abrir una caja de ahorro, y resulta que, sin darme cuenta, en uno de los formularios escribí “Osvaldo Biaggiotti” y en otro “Biaggiotti Osvaldo”. Claro, para nosotros es lo mismo, de cualquier modo es obvio cuál es el nombre y cuál el apellido. Pero para los japoneses no tiene nada de obvio, y además el apellido se escribe siempre antes acá, por lo cual no sabían cuál era cuál. Por lo tanto, llamaron a la residencia y me dejaron un mensaje: que por favor pasara por el correo cuando pudiera para solucionar un inconveniente. Pasaron un par de días y (yo, argentino) aun no había ido. Entonces, esa tarde tocaron a la puerta de mi habitación... ¿quién era? El empleado del correo, que de impecable uniforme y papeles en mano vino a solucionar el problema a mi propia casa. En una ciudad de 3,5 millones de habitantes, el empleado va -después de su horario de oficina- a la casa del cliente mismo, debido a un inconveniente generado por un error del cliente. La correcta confección de los formularios era parte de su responsabilidad, al fin y al cabo.

Para terminar, y a propósito de esto de cómo trabajan los japoneses y de qué modo consideran el esfuerzo y las ocupaciones… si ustedes tuvieran que diseñar un libro para enseñar castellano y dibujaran a distintos personajes para ilustrar los adjetivos calificativos que se presentan a los alumnos, ¿con qué expresión en el rostro dibujarían al personaje correspondiente al adjetivo “desocupado” (no en el sentido de “sin empleo”, sino en el de “sin obligaciones que cumplir”), o “libre”?

Así ha sido expresado en mi libro de japonés:





1 comentario:

¡Muchas gracias por dejar tu comentario! Un abrazo. Osvaldo.